Suez, Vivendi y RWE-Thames Water están ubicadas entre las 100 empresas más ricas del orbe, con un crecimiento de 10% anual. Vivendi cuenta con 295 mil empleados en el mundo y Suez dispone de 173 mil.
La revista “Fortune” de mayo del 2000 dice: “Los ingresos de la industria del agua alcanzan ya cerca del 40% del sector petróleo, y constituyen una tercera parte más elevados que los del sector farmacéutico.
Dentro de sus afanes dinerarios, tales empresas transnacionales han convertido el suministro del oro azul en fuente inagotable de ganancias, múltiples veces reñidas con los postulados éticos y morales dictados por la sana razón, ajenos por completo a la solidaridad, el altruismo, y la generosidad. Su comportamiento es similar al del ambicioso comerciante de la famosa obra shakesperiana “El Mercader de Venecia”, que sólo gustaba de las ganancias desmesuradas y despojadas por completo de compasión humana.
Muchas de dichas empresas transnacionales se niegan a reinvertir lo ganado en los países donde obtuvieron sus utilidades, no obstante haber sido favorecidas con normas que les brindan toda suerte de facilidades para mejor desplegar sus acciones empresariales.
Contra ellas se han alzado últimamente las voces de auténticos demócratas y patriotas que piden se les controle adecuadamente. Se les exige desplazarse por los caminos de una auténtica justicia social.
Es necesario dejar plenamente establecido que en realidad lo que se privatiza es el servicio y por tal razón es necesario añadir que no se comercia con un don gratuito, sino, lo que se negocia es el servicio de potabilizar el agua para llevarla a cada vivienda. Las transnacionales actúan en el campo de la gestión de los servicios de agua y alcantarillado, pero son los gobiernos quienes deciden sobre la privatización y/o concesión del agua.
Por desgracia, no puede atribuirse culpa alguna a los electores que en el terreno de las urnas llevan al triunfo a candidatos no idóneos. Basta lanzar una mirada en torno para advertir que el equivocado criterio de los electores se debe, en gran parte, a las deficiencias educacionales a que han estado sometidos por obra y gracia de políticos mediocres.
El día que por obra de una educación de calidad el hombre pueda meditar y adoptar decisiones certeras y precisas, será posible presenciar una etapa de positiva transformación. En este aspecto la educación posee, tal como puede apreciarse, un valor inapreciable.
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